Salmos 53
2 Dijo en su corazón el insensato: «¡Mentira, Dios no existe!» Son gente pervertida, hacen cosas infames, ya no hay quien haga el bien.
3 Se asoma Dios desde el cielo, mira a los hijos de Adán, para ver si hay alguno que valga, alguien que busque a Dios.
4 Pero todos se han descarriado, y se han corrompido juntos. No queda ni un hombre honrado, ni uno de muestra siquiera.
5 ¿No comprenderán esos malhechores que comen a mi pueblo como se come el pan? ¡No le han pedido a Dios la bendición!
6 ¡Mira cómo se asustan de repente! Les cae una desgracia inesperada. Dios dispersa los huesos del renegado; todos se ríen de ellos: «¡Cómo Dios los ha rechazado!»
7 ¿Quién traerá de Sión la salvación de Israel? Cuando a su pueblo Dios traiga de vuelta, habrá alegría en Jacob, Israel será colmado. 3 Oh Dios, por tu Nombre sálvame; por tu poder hazme justicia. 4 Oh Dios, escucha mi plegaria, escucha las palabras de mi boca, 5 pues se alzan contra mí los arrogantes y buscan mi muerte los violentos, hombres para los cuales Dios no cuenta. 6 Pero a mí Dios me ayuda, entre los que me apoyan está el Señor. Que el mal recaiga sobre los que me espían; destrúyelos, Señor, pues tú eres fiel.
8 Te ofreceré de buena gana un sacrificio y alabaré tu nombre, porque es bueno,
9 pues me has sacado de cualquier angustia y he visto humillados a mis enemigos.