Lamentaciones 4

1 ¿Cómo se ha empañado y deteriorado el oro más puro?

2 Los hijos de Sión, valiosos

3 Hasta los chacales descubren el pezón

4 La lengua del niño de pecho se pega de sed al paladar;

5 Los que comían manjares deliciosos

6 La culpa de la Hija de mi pueblo

7 Sus nazireos eran más puros que la nieve,

8 Su semblante ahora es más oscuro que carbón,

9 Más dichosos fueron los muertos a cuchillo

10 Las mismas manos de tiernas mujeres

11 Yavé descargó su furor,

12 Nunca creyeron los reyes de la tierra,

13 Fue por los pecados de sus profetas,

14 Vagaban ellos como ciegos por las calles,

15 Les gritaban: ¡Apártense, un impuro! ¡Apártense, no lo toquen! Y cuando huían y vagaban, se decía entre las naciones: ¡Aquí no seguirán como huéspedes!

16 El rostro de Yavé los dispersó, ya no vuelve a mirarlos. No respetaron a los sacerdotes ni tuvieron piedad de los profetas.

17 Y todavía nos cansábamos esperando el socorro. ¡Ilusión! Desde nuestros cerros no vimos llegar a Egipto, incapaz de salvarnos.

18 Vigilaban nuestros pasos para que no anduviéramos por nuestras plazas.

19 Nuestro fin estaba cercano y, cumplidos nuestros días, ha llegado.

20 Nuestros perseguidores eran veloces, más que las águilas del cielo, nos perseguían por los montes, en el desierto nos armaban trampas. Nuestro rey, el ungido de Yavé, del que estábamos pendientes, quedó preso en sus redes; aquél de quien decíamos: A su sombra viviremos entre las naciones.

21 ¡Regocíjate, alégrate, Hija de Edom, que habitas en el país de Us! También a ti te llegará la copa: te embriagarás y te desnudarás.

22 ¡Hija de Sión, se ha borrado tu culpa, él no volverá a desterrarte! En cambio, Hija de Edom, Yavé castigará tu culpa y pondrá al desnudo tus pecados.