Primer Libro de los Macabeos 2
1 Alejandro, hijo de Filipo, rey de Macedonia, que venía del país de Quitim, reinaba en toda la Grecia. Después de haber vencido a Darío, rey de los persas, reinó en su lugar. Por esos días, un sacerdote de nombre Matatías, hijo de Juan, hijo de Simeón, de la descendencia de Yoarib, salió de Jerusalén y se estableció en Modín. Por esos días, un sacerdote de nombre Matatías, hijo de Juan, hijo de Simeón, de la descendencia de Yoarib, salió de Jerusalén y se estableció en Modín.
2 Sostuvo numerosas batallas, se apoderó de ciudades fortificadas y dio muerte a los reyes de esas regiones. Tenía cinco hijos: Juan, apellidado Gadi, Tenía cinco hijos: Juan, apellidado Gadi,
3 Llegó hasta los confines del mundo, amontonando riquezas de muchos países. La tierra tuvo que callarse ante él y su orgullo no tuvo límites. Simón, apellidado Tassi, Simón, apellidado Tassi,
4 Reunió a un ejército muy numeroso, dominó a provincias, pueblos y reyes y los hizo sus súbditos. Judas, apellidado Macabeo, Judas, apellidado Macabeo,
5 Pero después de todo eso cayó enfermo y vio que se iba a morir; Eleazar, apellidado Avaram, y Jonatán, apellidado Afús. Eleazar, apellidado Avaram, y Jonatán, apellidado Afús.
6 entonces convocó a sus compañeros, a los que habían sido educados con él desde la infancia, y les repartió su reino estando aún con vida. Al ver todos esos pecados que se cometían en Judá y en Jerusalén, Al ver todos esos pecados que se cometían en Judá y en Jerusalén,
7 Alejandro murió después de doce años de reinado; exclamó: «¡Qué desgracia! ¡No nací para ver la ruina de mi pueblo y la ruina de la ciudad santa! Mientras permanezco aquí sentado, la ciudad está en manos de los enemigos, y el Templo en poder de los extranjeros. exclamó: «¡Qué desgracia! ¡No nací para ver la ruina de mi pueblo y la ruina de la ciudad santa! Mientras permanezco aquí sentado, la ciudad está en manos de los enemigos, y el Templo en poder de los extranjeros.
8 sus compañeros tomaron el poder, cada cual en su sector. El Templo de Dios es ahora como un hombre despreciado. El Templo de Dios es ahora como un hombre despreciado.
9 Luego de su muerte, todos ellos se hicieron coronar como reyes y lo mismo hicieron sus hijos después de ellos durante largos años: el mal fue aumentando en la tierra. Todo lo que constituía su gloria partió para el cautiverio. Sus hijos fueron asesinados en las plazas, y sus jóvenes, muertos por la espada del enemigo. Todo lo que constituía su gloria partió para el cautiverio. Sus hijos fueron asesinados en las plazas, y sus jóvenes, muertos por la espada del enemigo.
10 De su descendencia salió aquel retoño impío, Antíoco Epífanes, hijo del rey Antíoco. Había estado primero como rehén en Roma, pero el año ciento treinta de la realeza de los griegos subió al trono. ¿Hay alguna nación que no haya recibido sus bienes en herencia; que no se haya apoderado de sus despojos? ¿Hay alguna nación que no haya recibido sus bienes en herencia; que no se haya apoderado de sus despojos?
11 Fue entonces cuando surgieron en Israel unos renegados que arrastraron a muchos consigo: «Reconciliémonos con las naciones que nos rodean, pues desde que nos separamos de ellos, nos han ocurrido muchas desgracias». Le han robado toda su belleza, la que era libre, es ahora esclava. Le han robado toda su belleza, la que era libre, es ahora esclava.
12 Esta sugerencia tuvo buena acogida: El Lugar santo, nuestra maravilla y nuestra gloria, no es ahora más que un desierto, pues lo han profanado los paganos. El Lugar santo, nuestra maravilla y nuestra gloria, no es ahora más que un desierto, pues lo han profanado los paganos.
13 algunas personas de nuestro pueblo fueron a ver al rey quien los autorizó para que siguieran las costumbres de los paganos. ¿De qué me sirve seguir aún con vida?» ¿De qué me sirve seguir aún con vida?»
14 Construyeron en Jerusalén un gimnasio, tal como lo hacían los paganos, Matatías y sus hijos rasgaron sus ropas, se vistieron de sacos e hicieron un gran duelo. Matatías y sus hijos rasgaron sus ropas, se vistieron de sacos e hicieron un gran duelo.
15 se repusieron los prepucios y renegaron de la Alianza Santa para engancharse al mismo carro que los paganos; se vendieron para hacer el mal. Llegaron por entonces a Modín los oficiales del rey, que debían imponer la apostasía y obligar a ofrecer sacrificios. Llegaron por entonces a Modín los oficiales del rey, que debían imponer la apostasía y obligar a ofrecer sacrificios.
16 Cuando Antíoco creyó que tenía ya el reino en sus manos, quiso también reinar en Egipto y ser así el soberano de los dos reinos. Muchos israelitas se pusieron de su parte, pero Matatías y sus hijos, no. Muchos israelitas se pusieron de su parte, pero Matatías y sus hijos, no.
17 Invadió Egipto con un poderoso ejército, con carros, elefantes, caballería y muchos barcos. Los oficiales del rey dijeron a Matatías: «Tú eres un personaje importante y respetado en esta ciudad, tú tienes hijos y hermanos que te siguen; Los oficiales del rey dijeron a Matatías: «Tú eres un personaje importante y respetado en esta ciudad, tú tienes hijos y hermanos que te siguen;
18 Atacó a Tolomeo, rey de Egipto, quien no opuso resistencia y emprendió la fuga; muchos de sus hombres cayeron muertos. ven tú, el primero, a obedecer las órdenes del rey, tal como lo han hecho todas las naciones, los jefes de Judá y los que se quedaron en Jerusalén. Si lo haces, tú y tus hijos serán admitidos entre los amigos del rey, y serán recompensados con oro y plata y con muchas otras cosas». ven tú, el primero, a obedecer las órdenes del rey, tal como lo han hecho todas las naciones, los jefes de Judá y los que se quedaron en Jerusalén. Si lo haces, tú y tus hijos serán admitidos entre los amigos del rey, y serán recompensados con oro y plata y con muchas otras cosas».
19 Antíoco se apoderó de las fortalezas de Egipto y arrasó con todas las riquezas del país. Matatías respondió con todas sus fuerzas: «Aunque le obedeciesen al rey todos los pueblos que conforman su imperio, aunque todos abandonasen el culto de sus padres para seguir sus ordenanzas, Matatías respondió con todas sus fuerzas: «Aunque le obedeciesen al rey todos los pueblos que conforman su imperio, aunque todos abandonasen el culto de sus padres para seguir sus ordenanzas,
20 Después de haber vencido a Egipto, tomó el camino de regreso, el año ciento cuarenta y tres. Fue entonces cuando se abalanzó sobre Israel y sobre Jerusalén con un poderoso ejército. yo, mis hijos y mis hermanos seguiremos la Alianza de nuestros padres. yo, mis hijos y mis hermanos seguiremos la Alianza de nuestros padres.
21 Lleno de orgullo, Antíoco entró en el santuario y sacó el altar de oro, el candelabro en el que brilla la luz, con todos sus accesorios, ¡Líbrenos Dios de abandonar la Ley y sus prescripciones! ¡Líbrenos Dios de abandonar la Ley y sus prescripciones!
22 la mesa y las vasijas para las ofrendas, las copas, los incensarios de oro, el velo, las coronas; arrancó todas las placas de oro que adornaban la fachada del Templo. No obedeceremos pues las órdenes del rey ni nos apartaremos de nuestra religión ni a la derecha ni a la izquierda». No obedeceremos pues las órdenes del rey ni nos apartaremos de nuestra religión ni a la derecha ni a la izquierda».
23 Juntó todo el oro y la plata, objetos preciosos y todos los tesoros escondidos que pudo descubrir Apenas terminó de hablar, se adelantó un judío, delante de todo el pueblo, para sacrificar en el altar de Modín, según el decreto del rey. Apenas terminó de hablar, se adelantó un judío, delante de todo el pueblo, para sacrificar en el altar de Modín, según el decreto del rey.
24 y se fue a su país llevándoselo todo. Derramó mucha sangre e hizo declaraciones injuriosas contra Dios. Al ver eso, Matatías, lleno de indignación y de cólera, dando rienda suelta a su furor, se abalanzó sobre el hombre y lo degolló ante el altar. Al ver eso, Matatías, lleno de indignación y de cólera, dando rienda suelta a su furor, se abalanzó sobre el hombre y lo degolló ante el altar.
25 Todos los pueblos de Israel están de duelo, Luego mató al oficial del rey que obligaba a sacrificar y derribó el altar. Luego mató al oficial del rey que obligaba a sacrificar y derribó el altar.
26 los jefes y los ancianos gimen, las muchachas y los jóvenes están macilentos y las mujeres han perdido su belleza. Su celo por la Ley fue igual al de Pinjas, cuando hirió de muerte a Zimri, hijo de Salú. Su celo por la Ley fue igual al de Pinjas, cuando hirió de muerte a Zimri, hijo de Salú.
27 Las canciones de boda se han cambiado en lamentaciones y la recién casada está de duelo en su pieza. Luego Matatías salió gritando por medio de la ciudad: «¡Los que quieran defender la Ley y continuar con la Alianza, que me sigan!» Luego Matatías salió gritando por medio de la ciudad: «¡Los que quieran defender la Ley y continuar con la Alianza, que me sigan!»
28 La tierra se estremece al ver quiénes la ocupan, y toda la casa de Jacob está cubierta de vergüenza. Huyó a los cerros junto con sus hijos, dejando en la ciudad todo lo que tenía. 62 A pesar de todo eso, muchos continuaron siendo fieles en Israel y fueron lo bastante valientes como para no comer alimentos impuros. 63 Preferían morir antes que volverse impuros con alimentos que iban en contra de la Alianza Santa, y fueron ejecutados. 64 Esto fue una gran prueba para Israel. Huyó a los cerros junto con sus hijos, dejando en la ciudad todo lo que tenía.
29 Dos años después, el rey envió a un jefe a las ciudades de Judá, quien llegó a Jerusalén con un poderoso ejército. Muchas personas que respetaban la justicia y los decretos de la Ley, se fueron a instalar en el desierto.
30 Engañó a los habitantes con palabras pacíficas, pero, cuando se hubo ganado su confianza, se lanzó por sorpresa sobre la ciudad, la castigó brutalmente y dio muerte a mucha gente de Israel. Llegaron allá con sus hijos, sus mujeres y su ganado, porque la vida se había vuelto imposible.
31 Saqueó la ciudad, la incendió, demolió sus casas y sus murallas. Les comunicaron a los oficiales del rey y a las tropas acantonadas en Jerusalén, en la ciudad de David, que mucha gente rechazaba las órdenes del rey y buscaba refugio en los escondites del desierto.
32 Sus soldados se llevaron cautivas a las mujeres y a los niños y arriaron con todo el ganado. Salió entonces un fuerte destacamento a perseguirlos y atacarlos; se apostó frente a ellos y se dispuso a atacarlos siendo día sábado.
33 Después reconstruyeron la ciudad de David, haciendo allí una fortaleza con una muralla muy ancha y con poderosas torres. Les dijeron: «¡Basta ya, salgan! ¡Obedezcan la orden del rey y salvarán su vida!
34 Dentro de la fortaleza pusieron gente sin conciencia, a renegados que se hicieron fuertes allí. Pero ellos respondieron: «¡No saldremos! No cumpliremos el decreto del rey y no violaremos el día sábado».
35 Almacenaron allí armas y provisiones, y amontonaron dentro todo lo que habían reunido en Jerusalén; pasó a ser una terrible amenaza. Entonces los atacaron.
36 Era un peligro para el Lugar Santo y el enemigo amenazaba desde allí a Israel a cada momento. Ellos se negaron a responder, a lanzar piedras o a formar barricadas en sus escondites:
37 Derramaron sangre inocente alrededor del Santuario, profanaron el Lugar Santo. «Muramos todos, decían, así nadie nos reprochará algo; el cielo y la tierra son testigos de que ustedes nos matan injustamente».
38 Los habitantes de Jerusalén huyeron, y ésta se convirtió en una guarida de extranjeros; pasó a ser una extranjera para sus hijos, y éstos la abandonaron. Los otros emprendieron el asalto siendo día sábado, y ellos murieron junto con sus mujeres, sus niños y su ganado; había allí alrededor de unas mil personas.
39 Su templo se convirtió en un desierto, sus fiestas se cambiaron en días de luto, sus sábados fueron burlados, era el desprecio en vez del respeto. Cuando Matatías y sus amigos supieron lo sucedido, hicieron un gran duelo.
40 Era tan grande su vergüenza, que su gloria de otrora, su grandeza, cedió el lugar al duelo. Pero se dijeron entre sí: «Si hacemos lo mismo que nuestros hermanos, si no nos defendemos de los paganos para salvar nuestra vida y nuestras observancias, muy pronto nos eliminan de este país».
41 El rey ordenó después que todos en su imperio formasen un solo pueblo; Por eso tomaron ese mismo día esta decisión: «Si alguien viene a atacarnos un día sábado, lo enfrentaremos y no nos dejaremos aplastar como lo hicieron nuestros hermanos que murieron en sus refugios».
42 cada cual debía renunciar a sus propias costumbres. Todos los paganos se sometieron a las órdenes del rey Se les unieron luego un grupo de Asideos, israelitas valientes y devotos de la Ley.
43 e incluso en Israel muchas personas dieron buena acogida a su culto, sacrificando a los ídolos y profanando el sábado. Todos los que huían del peligro fueron a reforzarlos y a engrosar sus filas;
44 El rey mandó mensajeros a Jerusalén y a las ciudades de Judá para que les transmitieran sus órdenes: en adelante tenían que seguir costumbres extranjeras, así fueron organizando su ejército. Comenzaron después a descargar su cólera sobre los renegados, y su furor sobre los que habían abandonado la Ley. Estos tuvieron que huir a los poblados paganos en busca de refugio.
45 acabar con los holocaustos del Templo, los sacrificios y las libaciones. Había que profanar los sábados y las fiestas, Matatías y sus amigos llevaron a cabo expediciones para destruir los altares
46 ensuciar el Santuario y todo lo que es santo, y circuncidar a la fuerza a los niños no circuncidados que encontraban en el territorio de Israel.
47 instalar altares, lugares de culto y templos a los ídolos, inmolar cerdos y animales impuros. Persiguieron a los insolentes y tuvieron pleno éxito;
48 Debían dejar sin circuncisión a los hijos y ensuciarse con toda clase de impurezas y profanaciones. recuperaron su religión de manos de las naciones paganas y de su rey, y redujeron al silencio a los pecadores.
49 En una palabra, tenían que olvidarse de la Ley y enterrar todas sus prescripciones; Cuando la vida de Matatías llegaba a su fin, reunió a sus hijos: «Ustedes ven ahora el reinado de la insolencia y del menosprecio, les dijo, el tiempo de los trastornos y el desborde de la cólera.
50 el que no obedeciera las órdenes del rey debería ser condenado a muerte. Ustedes, hijos míos, dedíquense por entero a la Ley y den sus vidas por la Alianza de nuestros padres.
51 Así se expresaban las cartas que envió el rey a todo su reino; le impuso inspectores a todo el pueblo y ordenó a todas las ciudades de Judá que ofrecieran sacrificios. Acuérdense de lo que nuestros padres realizaron en su tiempo, y conseguirán una gran gloria y un nombre inmortal.
52 Mucha gente del pueblo obedeció, todos aquellos que abandonaron la Ley; hicieron el mal en el país, Abrahán fue hallado fiel en la prueba y por eso fue considerado como un justo.
53 obligando a Israel a esconderse en refugios. José, en el tiempo de la desgracia, supo cumplir la Ley y llegó a ser dueño de Egipto.
54 El día quince del mes de Quisleu, el año ciento cuarenta y cinco, el rey instaló la Abominación de la Desolación en el altar de los holocaustos, y se levantaron altares en las ciudades vecinas de Judá. Pinjas, nuestro padre, ardía de celo y recibió por eso la alianza de un sacerdocio eterno.
55 Se quemaba incienso en las puertas de las casas y en las plazas, Josué cumplió fielmente su misión y llegó a ser juez de Israel.
56 se rompían y se echaban al fuego los libros de la Ley cuando se los encontraba, Caleb proclamó la verdad en medio de la asamblea y recibió una herencia en el país.
57 y si se descubría en la casa de alguien un libro de la Alianza o si alguien obedecía a la Ley de Dios, se lo condenaba a muerte según el decreto del rey. David, por su piedad, recibió un trono real que perdurará más allá de los siglos.
58 Mes a mes en sus ciudades se castigaba a los israelitas que eran sorprendidos contraviniendo lo dispuesto, Elías, que ardía de celo por la Ley, fue llevado al cielo.
59 y el veinticinco de cada mes se ofrecían sacrificios en el altar instalado en el lugar del altar de los holocaustos. Ananías, Azarías, Misael tuvieron confianza y fueron salvados de las llamas.
60 Según esa ley se condenó a muerte a mujeres que habían hecho circuncidar a sus hijos, Daniel, que no transigió, fue salvado de las fauces de los leones. 29 Muchas personas que respetaban la justicia y los decretos de la Ley, se fueron a instalar en el desierto. 30 Llegaron allá con sus hijos, sus mujeres y su ganado, porque la vida se había vuelto imposible. 31 Les comunicaron a los oficiales del rey y a las tropas acantonadas en Jerusalén, en la ciudad de David, que mucha gente rechazaba las órdenes del rey y buscaba refugio en los escondites del desierto. 32 Salió entonces un fuerte destacamento a perseguirlos y atacarlos; se apostó frente a ellos y se dispuso a atacarlos siendo día sábado. 33 Les dijeron: «¡Basta ya, salgan! ¡Obedezcan la orden del rey y salvarán su vida! 34 Pero ellos respondieron: «¡No saldremos! No cumpliremos el decreto del rey y no violaremos el día sábado». 35 Entonces los atacaron. 36 Ellos se negaron a responder, a lanzar piedras o a formar barricadas en sus escondites: 37 «Muramos todos, decían, así nadie nos reprochará algo; el cielo y la tierra son testigos de que ustedes nos matan injustamente». 38 Los otros emprendieron el asalto siendo día sábado, y ellos murieron junto con sus mujeres, sus niños y su ganado; había allí alrededor de unas mil personas. 39 Cuando Matatías y sus amigos supieron lo sucedido, hicieron un gran duelo. 40 Pero se dijeron entre sí: «Si hacemos lo mismo que nuestros hermanos, si no nos defendemos de los paganos para salvar nuestra vida y nuestras observancias, muy pronto nos eliminan de este país». 41 Por eso tomaron ese mismo día esta decisión: «Si alguien viene a atacarnos un día sábado, lo enfrentaremos y no nos dejaremos aplastar como lo hicieron nuestros hermanos que murieron en sus refugios». 42 Se les unieron luego un grupo de Asideos, israelitas valientes y devotos de la Ley. 43 Todos los que huían del peligro fueron a reforzarlos y a engrosar sus filas; 44 así fueron organizando su ejército. Comenzaron después a descargar su cólera sobre los renegados, y su furor sobre los que habían abandonado la Ley. Estos tuvieron que huir a los poblados paganos en busca de refugio. 45 Matatías y sus amigos llevaron a cabo expediciones para destruir los altares 46 y circuncidar a la fuerza a los niños no circuncidados que encontraban en el territorio de Israel. 47 Persiguieron a los insolentes y tuvieron pleno éxito; 48 recuperaron su religión de manos de las naciones paganas y de su rey, y redujeron al silencio a los pecadores. 49 Cuando la vida de Matatías llegaba a su fin, reunió a sus hijos: «Ustedes ven ahora el reinado de la insolencia y del menosprecio, les dijo, el tiempo de los trastornos y el desborde de la cólera. 50 Ustedes, hijos míos, dedíquense por entero a la Ley y den sus vidas por la Alianza de nuestros padres. 51 Acuérdense de lo que nuestros padres realizaron en su tiempo, y conseguirán una gran gloria y un nombre inmortal. 52 Abrahán fue hallado fiel en la prueba y por eso fue considerado como un justo. 53 José, en el tiempo de la desgracia, supo cumplir la Ley y llegó a ser dueño de Egipto. 54 Pinjas, nuestro padre, ardía de celo y recibió por eso la alianza de un sacerdocio eterno. 55 Josué cumplió fielmente su misión y llegó a ser juez de Israel. 56 Caleb proclamó la verdad en medio de la asamblea y recibió una herencia en el país. 57 David, por su piedad, recibió un trono real que perdurará más allá de los siglos. 58 Elías, que ardía de celo por la Ley, fue llevado al cielo. 59 Ananías, Azarías, Misael tuvieron confianza y fueron salvados de las llamas. Daniel, que no transigió, fue salvado de las fauces de los leones.
61 junto con sus niñitos abrazados a su cuello; también eran condenados a muerte sus familiares y los que habían hecho la circuncisión. 29 Dos años después, el rey envió a un jefe a las ciudades de Judá, quien llegó a Jerusalén con un poderoso ejército. 30 Engañó a los habitantes con palabras pacíficas, pero, cuando se hubo ganado su confianza, se lanzó por sorpresa sobre la ciudad, la castigó brutalmente y dio muerte a mucha gente de Israel. 31 Saqueó la ciudad, la incendió, demolió sus casas y sus murallas. 32 Sus soldados se llevaron cautivas a las mujeres y a los niños y arriaron con todo el ganado. 33 Después reconstruyeron la ciudad de David, haciendo allí una fortaleza con una muralla muy ancha y con poderosas torres. 34 Dentro de la fortaleza pusieron gente sin conciencia, a renegados que se hicieron fuertes allí. 35 Almacenaron allí armas y provisiones, y amontonaron dentro todo lo que habían reunido en Jerusalén; pasó a ser una terrible amenaza. 36 Era un peligro para el Lugar Santo y el enemigo amenazaba desde allí a Israel a cada momento. 37 Derramaron sangre inocente alrededor del Santuario, profanaron el Lugar Santo. 38 Los habitantes de Jerusalén huyeron, y ésta se convirtió en una guarida de extranjeros; pasó a ser una extranjera para sus hijos, y éstos la abandonaron. 39 Su templo se convirtió en un desierto, sus fiestas se cambiaron en días de luto, sus sábados fueron burlados, era el desprecio en vez del respeto. 40 Era tan grande su vergüenza, que su gloria de otrora, su grandeza, cedió el lugar al duelo. 41 El rey ordenó después que todos en su imperio formasen un solo pueblo; 42 cada cual debía renunciar a sus propias costumbres. Todos los paganos se sometieron a las órdenes del rey 43 e incluso en Israel muchas personas dieron buena acogida a su culto, sacrificando a los ídolos y profanando el sábado. 44 El rey mandó mensajeros a Jerusalén y a las ciudades de Judá para que les transmitieran sus órdenes: en adelante tenían que seguir costumbres extranjeras, 45 acabar con los holocaustos del Templo, los sacrificios y las libaciones. Había que profanar los sábados y las fiestas, 46 ensuciar el Santuario y todo lo que es santo, 47 instalar altares, lugares de culto y templos a los ídolos, inmolar cerdos y animales impuros. 48 Debían dejar sin circuncisión a los hijos y ensuciarse con toda clase de impurezas y profanaciones. 49 En una palabra, tenían que olvidarse de la Ley y enterrar todas sus prescripciones; 50 el que no obedeciera las órdenes del rey debería ser condenado a muerte. 51 Así se expresaban las cartas que envió el rey a todo su reino; le impuso inspectores a todo el pueblo y ordenó a todas las ciudades de Judá que ofrecieran sacrificios. 52 Mucha gente del pueblo obedeció, todos aquellos que abandonaron la Ley; hicieron el mal en el país, 53 obligando a Israel a esconderse en refugios. 54 El día quince del mes de Quisleu, el año ciento cuarenta y cinco, el rey instaló la Abominación de la Desolación en el altar de los holocaustos, y se levantaron altares en las ciudades vecinas de Judá. 55 Se quemaba incienso en las puertas de las casas y en las plazas, 56 se rompían y se echaban al fuego los libros de la Ley cuando se los encontraba, 57 y si se descubría en la casa de alguien un libro de la Alianza o si alguien obedecía a la Ley de Dios, se lo condenaba a muerte según el decreto del rey. 58 Mes a mes en sus ciudades se castigaba a los israelitas que eran sorprendidos contraviniendo lo dispuesto, 59 y el veinticinco de cada mes se ofrecían sacrificios en el altar instalado en el lugar del altar de los holocaustos. 60 Según esa ley se condenó a muerte a mujeres que habían hecho circuncidar a sus hijos, junto con sus niñitos abrazados a su cuello; también eran condenados a muerte sus familiares y los que habían hecho la circuncisión. Sepan pues que, de generación en generación, los que esperan en Dios no serán vencidos.
62 A pesar de todo eso, muchos continuaron siendo fieles en Israel y fueron lo bastante valientes como para no comer alimentos impuros. No teman las amenazas de un hombre que va en contra de Dios, porque su gloria terminará en la basura y en la podredumbre.
63 Preferían morir antes que volverse impuros con alimentos que iban en contra de la Alianza Santa, y fueron ejecutados. Hoy lo honran, pero mañana ya nadie lo conoce; volverá al polvo de donde salió y nada quedará de sus proyectos.
64 Esto fue una gran prueba para Israel. Hijos míos, sean pues valientes y sigan fieles a la Ley, porque de ella provendrá su gloria.
65 Miren a su hermano Simeón, sé que tiene buen criterio. Háganle siempre caso, él será un padre para ustedes.
66 Judas Macabeo ha sido valiente desde su infancia, él será el comandante del ejército, él dirigirá la guerra contra las naciones.
67 Vayan a reunir a todos los que observan la Ley y venguen a su pueblo.
68 Devuelvan a las naciones paganas el mal que les hicieron a ustedes y manténganse firmes a los mandamientos de la Ley».
69 Luego los bendijo y fue a reunirse con sus padres.
70 Murió el año ciento cuarenta y seis; lo enterraron en la tumba de sus padres en Modín, e Israel hizo un gran duelo por él.